VIAJE POR LAS BRAVAS Y LOS INFIERNOS

30.10.2015 09:48

 

Hay que joderse... Tiempo esperando un día soleado para llevar a cabo un viaje con Carlitos por la zona de Los Canchos. Varios: Da agua, así que vamos a esperar. Y por fin: ¡Churruca, da un veinte por ciento de probabilidades de caer alguna llovizna, así que vente el sábado 24 a las 9 h., que salimos desde el puente para arriba!

Churruca: ¡Vale, voy a preparar el macuto!

Nueve y pico en la plaza de Pescueza. Está nublado, pero la temperatura es cojonuda, y como no da agua..., se presenta una mañana para disfrutar del viaje.

El tanque de Turicanchos (el Land Rover) en la puerta del bar, pero vacío. Desde dentro me piden que espere un momento, que ahora vienen los tripulantes.

Un cigarro paseando y aparece Sany, explorando el terreno, y rato después el jefe. Hay que joderse lo fea que es la jodía; la veo como un híbrido entre liebre de la Patagonia y la Vieja del Visillo, pero lo compensa con lo buena y simpática que resulta. Buena compañera y chivata de cojones con todo lo que se mueve entre la vegetación de las laderas. Hace las muestras desde la barca cual perdiguero de pedigrí. Ya te digo...

Sube la primera mientras cargamos los trastos y arreamos camino del puente.

El embarcadero es una verbena con los más variados modelos de artefactos flotantes que se preparan para un día de pesca. Gente de los cuatro puntos cardinales peninsulares que han encontrado en la zona un atractivo alternativo de turismo natural lejos de agobios y multitudes.

El personal mira al cielo, nada claro, pero no da agua, así que Carlitos se enfunda el vadeador, infla una neumática pequeña y a por la amarilla, fondeada en mitad del río. Vuelta pacá y anda como un sabueso olfateando en interior de la enbarcación: ¡ Mecagüen ...(to parriba), lo mal que huele la puta la barca...!

Churruca le insinúa que igual ha pisado la nata de la orilla, que apesta, y se ha agarrado dentro. Mueve la cabeza algo mosca y me arrima la barca donde subo tras la anfitriona, que se aplasta entre dambos, porque le gusta el contacto.

Chispea, pero no da agua, así que maniobra y enfila bajo el puente río arriba. Lanchas con prisas nos adelantan buscando los mejores sitios para el Siluro y las Percas, y el oleaje que levantan supone un castigo para estómagos poco acostumbrados a tales meneos.

Paisajes que imaginaba, de alto interés geológico y dignos de ser guardados y expuestos. Cuatro horas de camino hasta La Puerta que llaman De Los Infiernos, y yo denomino como Del Agua del Paraíso, y sigue chispeando, y a ratos algo más, pero no da agua, así que paciencia, que ya escampará. Pero, por si acaso, eché la chaqueta del chubasquero, no vaya a ser que...

Como buen guía, Carlitos me va poniendo al día de cada sitio destacado que pasamos, con los argumentos de los más viejos de la zona, que conservan en la memoria los detalles de cada sitio antes del cierre de la presa.

El jefe anda luchando con el teléfono, porque no hay cobertura y tiene que contactar con el sobrino, que espera en Los Canchos nuestra llegada, porque tiene que embarcar otra expedición de vuelta hasta el puente.

Deja de chispear a ratos y vuelve. Continúa la lucha y nada de cobertura. Algún pitido de la Portuguesa, pero na de na y los ánimos de Carlitos van subiendo de tono, y la puta la barca sigue apestando. Sólo falta que los clientes se espanten ante semejante tufo: ¡ Pero qué coño será lo que huele, que lo he revuelto todo y no se ve nada ...!

Cerca ya de Los Canchos pilla alguna onda y contacta con el sobrino, que le cuenta que los clientes no han aparecido  y otro cabreo, así que después de comer me subirá hasta el pueblo y Carlitos se bajará pescando de vuelta hasta el puente, pero tendrá que subir a por las cañas.

Llegada al arroyo de Los Canchos y el sobrino espera bajo unos canchales viendo faenar a dos pescadores que les va bien, tres piezas en un momento delante nuestro.

Tras bajar el aperitivo hasta la mesa de circunstancias y dar instrucciones al sobrino para bajar las cañas, nos ponemos finos con el Pitarra y los productos chacineros Pata Negra de la zona, pero la Sany ha escapado detrás del sobrino y comienza un mantra a toda la familia celestial a base de:   

¡ Mecagüen...(otra vez toíto parriba), y la puta la perra y la madre que la parió..., verás como arree detrás del coche. Mecagüen...! (Boquita de piñón).

Un disgusto de aquí te espero, pero debe haberla espantado y aparece nadando atravesando el remanso del arroyo y vuelta con el mantra: ¡ Mecagüen...(lo mismo) la puta la perra, a que se la come algún siluro...!

Pero no, llegó intacta y empapada, y en la orilla se encontró otro repertorio mántrico acorde con el estado de ánimo del Capitán.

Visto el cambio de planes, me ofrece bajar de vuelta como piloto y él se esparramará detrás con las cañas, así que, tras llamar a la patrona y anunciarle el cambio de horario de llegada, arreamos pabajo a velocidad de crucero de pesca, a tres kilómetros por hora.

Chispea de nuevo, pero no da agua. Echa las cañas y a controlar la pesca. Parece que aprieta algo más, pero ya pasará, porque no da agua. Y así vamos pabajo, que son otras cuatro horas, pero no da agua... 

La pesca siente algo, porque no pican, y nosotros sentimos que sigue apretando. Tiro de la chaqueta del chubasquero, porque ya no me gusta el ambiente del cielo y la Sany lo agradece metiéndose debajo. El Capitán también nota que aprieta y saca, de no sé dónde, una capa de camuflaje, se refugia y...volvemos con el mantra: ¡ Mecagüen...(mismo repertorio), lo mal que huele la puta la capa, pero qué será esto...! Empieza a rebuscar de nuevo y otro mantra para el sobrino: ¡ Este cab..., mira lo que tiene aquí...! (Saca una bolsa con peces de cebo caducados de cojones) Si meto algún cliente, se me tira al agua, vaya peste... ¡ Mecagüen...!

Visto que sigue apretando toma los mandos y vamos a meterle caña hasta los siete kilómetros h., pero a esa velocidad se afeita la batería y hay que cambiarla. Vaya tres gilipollas en mitad del pantano en semejantes faenas, con la que está cayendo.

Vuelta a la carrera y el agua pesa en la ropa, pero aquí las prisas no valen, pero...: ¿Hace un canuto? A Churruca no le gusta el ambiente, pero las fotos ya están hechas, de tarde ya no vamos a pasar, así que: ¡Venga coño! Y cayó. Lanchas que vuelven a toda prisa y, entre el Pitarra y el canuto, las olas hacen estragos. Ya te digo...

Por fin el puente y el embarcadero, pero queda faena, porque hay que tapar las barcas viendo el panorama.

Lloviendo y ya de noche llegamos a Pescueza.

Un buen día de campo, porque no da agua. Ya te digo...

Un día acorde con la noche de las fotos nocturnas esperábamos, hubiera sido muy distinto, pero no hubo forma de ver el cielo.

Qué le vamos a hacer.

 

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