UNA PESADILLA MUY REAL

12.05.2019 09:32

Hay que joderse...

En un lugar de la capital de Extremadura de cuyo nombre prefiero no acordarme, se hundió en el fango de la depresión mi esperanza de futuro de vida al compás de la ilusión de mi compañera y madre de Churruquina, Lucía, de verle crecer en su compañía y recibiendo sus amorosos cuidados de madre ejemplar, cariñosa y dedicada en cuerpo y alma a su ámbito familiar con todo lo que conlleva.

(Buenos tiempos en los que era ella, con su hijo mayor)

Un ejemplo de mujer a la antigua usanza: fiel compañera, trabajadora incansable, portadora de una alegría contagiosa donde estuviere, simpatía desbordante a raudales que toda persona de bien aceptaba y valoraba en su justa medida como un bien escaso dentro de una sociedad corrompida por la absoluta pérdida de los valores humanos que nos definen como tales, todo corazón y una belleza en todo el concepto de mujer completa en cada una de sus facetas, merecedora de mucho más y mejor de lo que ha recibido en la vida.

(Cumpliendo con el trámite de la primera comunión del mismo)

El cruel destino se cebó con ella y, dentro de una ola de temperaturas récord en la comarca, con 44 grados a mediados de junio, tras sufrir un despiadado golpe de calor con las peores consecuencias, se encontró rodeada de máquinas y goteros durante unos angustiosos más de veinte días en la U.C.I. del Hospital San Pedro de Alcántara de Cáceres, prácticamente muerta por un fallo multiorgánico, donde los Ángeles de la Guarda del equipo que la compone, consiguieron estabilizarla y recuperarla para la vida.

Nunca podremos agradecer en justicia el trabajo realizado por todo un grupo de personas ejemplo de profesionalidad y dedicación a salvaguardar la salud y la vida de cualquiera que los necesite.

¡Chapó, Ángeles!

Las graves secuelas derivadas del episodio, tanto físicas como neurológicas, la postraron en cama, limitada a mover la cabeza y asentir o negar e incapaz de articular algo medianamente comprensible.

Ante semejante panorama, el equipo médico recomendó el traslado a Mérida, al más reputado, reconocido, prestigioso y paradigma de la rehabilitación neurológica a nivel nacional y más, como centro idóneo para tratarla en su lamentable estado, consejo aceptado por la familia y seguido de inmediato ante las perspectivas alentadoras que con toda su buena fe nos transmitieron con la esperanza de una lenta pero segura recuperación dentro de los límites previsibles.

Paradojas y jugarretas sucias de Lucifer, nos vendieron un infierno con letras de oro en la entrada del mito paradisíaco con todas las bonanzas y parabienes soñados, reconvertidos en una pesadilla de larga duración, estresante, desmoralizadora y de sufrimiento continuado por parte de la paciente y de todas las personas interesadas y preocupadas por la salud de Lucía y el negro futuro anunciado por todo el equipo de prestigiosos profesionales que conforman la no menos ponderada plantilla del presunto paraíso.

Un paraíso ubicado en un secarral deprimente y agobiante tanto en verano como en invierno, que de verde no tiene más que la fachada y la segunda parte "del nombre", un señuelo acorde con el interior.

Diez meses en los cuales la esperanza se convertía en frustración ante el nulo progreso de Lucía, ante las negras expectativas de continuar trabajando con ella si dentro de su más que lógico estado depresivo no ponía más de su parte en las terapias que de forma casi robótica, acelerada y programada dentro de un esquema establecido de ritmo acelerado de recuperación so pena de alta forzosa por lo costoso de la estancia en el paraíso. 

200 euros diarios. Manda cojones...

Alta forzosa y desahucio médico que se produjo tras varios meses a la espera de encontrar otro centro de menor entidad que la acogiese, relegada a estar atiborrada de medicamentos relajantes para evitar molestias, dolores y atenciones diarias necesarias propias de su estado.

Me están puteando, nos daba a entender dentro de sus limitaciones, algo que ya sospechaba viendo la desidia, trato seco y distante, despreocupado y casi despectivo del que era objeto por buena parte del personal que en teoría debiera animarla y ayudarla a superar semejante trance, icluso, según testigos que presenciaron algún episodio cuando estaba sola, vejatorio y denigrante hasta el punto de llamarnos por teléfono para ponernos al tanto de lo que ocurría, pero así funciona el paraíso.

Diez meses de desplazamientos día sí día no a 150 kms. de casa, de ritmo estresante, deprimente, de presión arterial por las nubes y, en fin... desesperante.

Hasta que, paradojas del destino, alguien encontró una residencia de ancianos donde se hicieron cargo de ella. En Cáceres capital. A mitad de camino del paraíso, algo que ya de por sí resultó un considerable descanso tanto físico como psicológico, tanto para ella, para mí, como para el resto de familia. Pero con el triste sentimiento de asimilación de que sería su domicilio y retiro futuro hasta que Dios quiera y resignación ante tan injusto destino.

Una residencia de mayores que, a primera vista y por pura lógica, desentonaba con la edad de Lucía, con plena lucidez mental dentro de un ambiente de personas con todos los problemas propios de sus muchos años y los de sentirse desplazados de su entorno familiar, de sus recuerdos más lejanos y de otros recientes difícil de olvidar.

Pero más paradojas al respecto, conllevaron que Lucía comenzase a recuperar lentamente algo de movilidad que nos hizo concebir cierta esperanza en conseguir lo que el paraíso y su portentoso equipo de eminencias no llegó a imaginar.

Una residencia ubicada en un espacio que sí puede considerarse paradisíaco, con un inmenso y precioso parque en la misma puerta, que da nombre a la misma: Ciudad Jardín Parque del Príncipe. Un espacio donde nos encanta pasar el mayor tiempo posible, porque invita a vivir y trabajar relajadamente en lo que conviene a Lucía: una terapia física y mental que, con la aleatoria y necesaria ayuda de dos encantos de muchachas profesionales en fisioterapia, un competente y cariñoso médico de familia y su equipo de enfermeros/as, alguna terapia alternativa y un plantel de igualmente profesionales auxiliares que en conjunto suponen la plantilla del centro, arropados/as por el manto y bajo la (ad)vocación de la Virgen de la Santa Paciencia, dedican todo su esfuerzo, cariño y atenciones que estas personas necesitan, han conseguido lo impensable: devolvernos la ilusión perdida viendo los progresos que a diario se van confirmando a todos los niveles.

Un centro en manos y bajo la dirección de unas personas muy jóvenes, emprendedoras y muy capacitadas que, una tras otra, están creando un grupo de residencias con cuño propio y bajo el mismo logo que, aunque no necesita publicidad ajena a la propia y su buen hacer, me siento en la obligación de agradecerles todo lo que han hecho y siguen haciendo por mi compañera Lucía y su añorada recuperación, dedicándoles éste artículo de todo corazón a compartir con el resto de profesionales involucrados/as en la tarea, que la miman como la niña bonita que es para una mayoría.

UN PARAÍSO CON MAYÚSCULAS...

 

IMÁGENES ASOCIADAS QUE MUESTRAN LA BELLEZA  DEL ENTORNO DESCRITO

 

 Aparcamiento con la entrada al parque a la izquierda y del centro a la derecha.

Entrada este al Parque del Príncipe.

Entrada principal y acceso a los jardines del centro.

Rampa de acceso a la recepción y resto de instalaciones.

Relación de centros, servicios, instalaciones y equipo humano que mantiene el grupo residencial.

Paseo o arteria principal a lo largo de todo el parque.

Primera fuente: lugar donde la tradición ubica la mítica lucha de San Jorge con el dragón. Leyenda que puede estar basada en hechos reales.

Segunda fuente. Un paraje habitado desde la prehistoria y adaptado para uso personal por los Romanos  desde el s. I a.d.C. para abastecimiento de agua de la ciudad y el culto que le dedicaban en las relaciones sociales.

Tercera fuente. Un paraje que conserva los vestigios y huellas de la citada época en otras fuentes, lavaderos  y abrevaderos con las estructuras originales o remozadas posteriormente.

Un paraje o vaguada que denominaron Aguas Vivas, por las peculiaridades de su afloramiento y la extrañeza del mantenimiento del caudal durante épocas en  que debiera disminuir. No vamos a descubrir ahora la maestría de los Romanos a la hora de aprovechar los recursos de cada zona que dominaban.

 

Cuarta y última fuente en lo alto de la terraza, como final o principio del largo paseo según la entrada al mismo.

Caminos secundarios que invitan a perderse en cierta intimidad, donde nos gusta llevar a cabo los ejercicios físicos que Lucía necesita dentro de su habitual terapia.

Un parque que últimanente ha sido el escenario principal de rodaje de cierta película con actores de renombre a nivel internacional.

A pesar de las molestias por los cortes o acotamiento de las zonas de rodaje, bienvenidos sean.