LA INOCENCIA PERDIDA 4. (Para el libro de la peña del 27, fiestas de San Juan)

31.07.2014 20:07

Ya falta poco. Las campanas de la catedral, los cohetes, el tamboril y el ambiente de finales de la primavera nos sumergen de lleno en la fiesta del Corpus como punto de partida hacia el plato fuerte que supone el anual desmadre sanjuanero con todos sus ingredientes propios y su esencia ancestral.

Todo vale, todo se disfruta. Una semana plena de temas, casos para el descojono, otros no tanto, cuentos y chismes y sucesos que marcarán un año más la vieja historia de la ciudad y las raíces inmemoriales de tan singular visión y práctica de la tauromaquia, que personalmente y analizando todo el simbolismo que la acompaña, asocio a prehistóricos sistemas de caza por parte de los nativos en la natural transhumancia del ganado bovino salvaje buscando los pastos propios de cada zona de la península según las estaciones y el paso obligado del vado del río en dirección norte sur que marcan las actuales cañadas reales.

El encierro hasta una de las puertas de la muralla azuzando el ganado hasta dentro de la ciudad a modo de Manga al uso, las banderillas- flechas, las picas- lanzas, los soplillos y sus cerbatanas, pues cerbatanas en todo su contexto. Hoy mueren por un tiro en la cabeza, y debo suponer que con todo el arsenal de armas punzantes mencionadas, el desangrado sería lo más lógico y cruel.

Debo suponer...

Por lo pronto, y hasta la hora de la procesión del Corpus, la pandilla, ocupada en otras faenas acorde con sus escasos años, se afana cabezonamente en el intento de secuestrar de las barreras del Cubo los mejores ejemplares de grillo común, y alguno real, que de cuando en cuando sale alguno y cantan de cojones. Manolo, El Coyote, tiene uno y no veas cómo se lo monta por las noches, aburre...

Fulano ha visto a uno escabullirse en el agujero y le mete prisas a otro, que le dice que ya no tiene ganas de mear, que lleva toda la tarde de agujero en agujero y los muy cabrones se ahogan y no dan la cara.

( Zona habitual de las cacerías de grillos)

Otro dice que ya está hasta los güevos de hurgar con la paja, que ya se aburrió y quiere que nos vayamos a controlar las calles que lucen las mejores juncias, que hay que hacer la camareta. 

En vista del desastre de cacería, se acepta la propuesta.

Unos suben, y otros, macuto al hombro, paso firme y desenvuelto como las figuras triunfadoras del pasado año que son, bajan hasta el Super del tío Enrique, el Guarro, a controlar las brevas, que andan algo tardías y puede que haya que cambiar de despensa y menú.

El Niño del Plexiglás, el Niño Baena( niños en declive y curtidos por la fatiga y la gazuza) y sus correspondientes subalternos, anticipan su llegada a la ciudad con el fin de embriagarse del ambiente y los primeros ponches, rememorando fantasiosas tardes- noches de gloria en tan singular escenario, que reportaron un buen puñado de monedas entre aplausos, algún pito aislado, un piropo de una con poco que perder y el reconocimiento de todos. Y que, el Alcalde, como agradecimiento, les hizo un vale por unos bocadillos. 

Floridos arcos, calles en competencia por lucir lo más selecto del baúl en los balcones, auténticas y añejas obras de artesanal manufactura, creadas como parte del ajuar en tiempos de adolescencia y controladas juventudes de las futuras buenas esposas, o heredadas de madre a hija o...nieta.

Y juncias, muchas juncias que, a riesgo de recibir alguna patada en el culo, serán arrastradas tras el último de la procesión, que los Del Carmen ya están al loro, y amontonadas en la puerta de Juanito, De Juanes, en una camareta de la leche...

(La calle Alonso VIII y la puerta de Juanito De Juanes en primer término a la derecha)

Con uno que se quede vigilando el colchón sobra, el resto a la plaza, que van a empezar a repartir las perrunillas y hay que hacer acopio.

La plaza, hasta la bandera. Vapores de salazón caducado emanan de las calzas de to quisqui, de las entrepiernas sudorosas y los alerones son primores. Pero qué coño, hay que abrirse paso hasta la Cárcel, que el tío de Fulano está despachando y a lo mejor nos escaquea un puchero de ponche y un bolsillao de perrunillas.

Conseguido con creces el objetivo, saboreando el convite entre revolcones, brincos y ridículas piruetas en la camareta, comienzan los planes y preparativos hasta el día de la verdad.

El tiempo se hace eterno y la tensión palpable. Ya han escogido los toros, y alguno ya se las ha hecho pasar putas a la cerecera de tos los años, que no escarmienta y no gana para burros. Mira qué coño de anual empeño por pasar por los prados donde los tienen apartados, como si no hubiera más caminos en las fincas. Y cómo coño se va a subir el burro a la encina con semejante carga. Ya puede vender cerezas.

Llegado el día 23 de Junio y tras la ritual quema de la falla del Capazo celebrando el solsticio de verano, madre se apresura en darte la cena y a la cama, que cuando pase el encierro viene padre a buscarte para llevarte al balcón del Ayuntamiento, y déjate de caballitos y pistolas, que mañana te llevo. (Seguro que tampoco...).

(Fiestas de San Juan a principio de los 60; los infantes Churruca donde falta el benjamín, que todavía no lo habían fundado)

En estado de máxima alerta en cada esquina y escuchando pezuñas por doquier, padre cumple la palabra de madre y te coloca entre los infantes de los funcionarios de media tabla abajo, en el balcón de arriba, el del Toril.

Nervios a flor de piel y tiritones esporádicos que evidencian un alto nivel de infantil adrenalina, que estalla cuando suena la tercera campanada y aparece el inaugural protagonista que, con los kilos justos para la noche, demuestra buenos pies y provoca zurrapas pasajeras a varios, hasta que aparece el de Baena, que lo recibe con una buena serie de mantazos escurriendo el bulto, intentando mantener el tipo y la dignidad y, apretando el esfínter, en un intento de desplante de cara al respetable, con una sonrisa rara de cojones le espeta al otro maestro: ¡Quillo... Pesigrá, quéate con él, que me voy..!

¿Ande coño vas ahora?

Coño, que me voy por las patas, que me voy a cagar en tos los muertos y el la madre que parió a las putas brevas.

Ya te dije que no comieras tantas, que pican a verdes y te van a hacer la puñeta.

Total, que no le quedan más cojones que apretar hasta el Cubo del Carmen.

Tiempos de apasionadas narraciones de los más inverosímiles lances cerca del astado: delante, detrás, recortando, perdiendo el tabaco y demás aperos, la cartera, con las pelotas del bicho justo en la jeta, que son los más sufridos y luego no aparecen las alpargatas. De seducciones espontáneas casi seguras; de uno que se había pasado con el ponche y al final se lo tuvo que llevar la Guardia Civil a base de sopapos para evitar males mayores hasta el camastro de la Cárcel; de la que tenía poco que perder y al final se lió con el Pesigrá y se quiere ir con él cuando acaben las fiestas y su padre no la deja; que si menudo bicho el de mañana, que seguro se acuerda del burro de la cerecera y está resabiao y, en fin, que las fiestas darían mucho juego en materia literaria, o como coño se llame lo que estoy haciendo, pero me van a soltar la bulla si me paso, así que hasta el año que viene.

San Juan le dice a San Pedro: ¡ Pericooo... cuando suba el jefe de la tribu, ándate al loro y le pones el detector de mentiras, que no es trigo limpio..!

Y San Pedro le contesta: ¡Que no coño, que se le ve en misa, y habla bien del Patrón..!

Y Juanito sentencia: ¡ Pues tú fíate de la Virgen y no corras, que verás qué regalo. Canta y no llores, que motivos vas a tener..!

Lo dicho...